Si amamos a Guatemala debemos cuidar los ecosistemas, como el bienestar económico y físico de las personas. El Plan de Expansión de Transmisión PET-1, declarado de emergencia nacional, es en efecto indispensable para llevar electricidad por doquier, por lo que el punto no es descalificar la iniciativa, sino ¡que lo hagamos bien! Por ende, los dimes y diretes y justificaciones de cualquier tipo que no escuchen razones, están de más.
Río Dulce, al igual que el Lago de Atitlán, son lugares paradisíacos y orgullo de los guatemaltecos. Cuando algo amenaza a estos bellos lugares, saltamos de forma colectiva y les defendemos con uñas y garras. Esto está pasando en el Parque Nacional Río Dulce, donde los lugareños y comerciantes han dado el grito al cielo porque la empresa colombiana Transportadora de Energía de Centroamérica (Trecsa), que ha sido contratada por el Estado de Guatemala, construirá dos grandes torres de tendido eléctrico consistentes en 6 líneas que transportarán 150,000 voltios a inmediaciones del puente de Río Dulce y el Castillo de San Felipe. Solo el hecho de colocar estas torres mataría el turismo, y el Parque Nacional Río Dulce dejaría de ser lo que es.
Nunca antes habíamos visto una protesta en Río Dulce con embarcaciones de todo tipo y tamaño. Las razones del repudio es porque estas torres podrían hacer quebrar a negocios relacionados al turismo, teniendo un derrame económico negativo hacia el resto del país. Además, dificultaría la navegación acuática, atentaría contra la salud de los habitantes por la radiación, se perderían de 300 a 500 empleos y obstruiría la comunicación a través de celulares. Además, dificultaría la navegación aérea, pues son dos torres de 85 metros de altura, el equivalente al tamaño de la Torre del Reformador de la Ciudad y pilotos de avionetas y helicópteros podrían chocar contra los cables.
Pese a la importancia que tiene electrificar el país para el progreso de nuestra nación, la alternativa es entonces colocar los cables debajo del río, tal y como se hace en muchas islas y ciudades grandes que están conectadas por cables subterráneos/subacuáticos. Por ejemplo, la interconexión entre España y Marruecos subacuática es de 26 kilómetros de largo y de 1,450 metros de profundidad, y otra es entre Canadá y EE. UU., que moverá 1,000 megawatts de Québec a Nueva York por 539 kilómetros, construida bajo el lago Champlain y el río Hudson para minimizar el impacto ambiental y visual.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario